domingo, 16 de diciembre de 2012

Cannabis

El cannabis es una sustancia psicodélica, es decir, que altera la cognición y la percepción de la mente. Aun así, en pequeñas cantidades puede actuar como estimulante o depresor del sistema nervioso central. En la planta de cáñamo se han identificado más de 60 cannabinoides, que son los responsables de su psicoactividad. De éstos, los más abundantes son el Delta-9-tetrahidrocannabinol, el Delta-8-tetrahidrocannabinol, el cannabidiol y el cannabinol. Estos cannabinoides junto con sus metabolitos activos (producidos durante la metabolización del cannabis mediante el proceso de hidroxilación) son los responsables de los efectos de dicha sustancia.

La concentración de tetrahidrocannabinol (THC) varía según la planta, el clima y el terreno y, según su preparación. Hay tres formas de preparación:
  • Marihuana o hierba: Es un preparado de hojas secas, flores y pequeños tallos que contiene entre un 5 y un 10% de THC.
  • Hachís: Es un preparado de resina segregada por la planta de cannabis. La concentración de THC oscila entre un 10 y un 20%.
  • Aceite de hachís: Se obtiene de la destilación de la planta mediante disolventes orgánicos. Puede llegar a alcanzar un 65% de THC.

También la habilidad del fumador determinará qué cantidad de THC se absorberá durante su consumo.

Historia

Su uso es conocido desde la antigüedad, hay datos que indican que, en torno al 2700 a.C., en el Imperio Chino se usaba con fines hedonistas aunque sabían de sus propiedades medicinales así como de sus consecuencias, y también lo usaban para hacer tejidos.

Ha sido utilizado, prácticamente por todas las grandes culturas de la humanidad con distintas finalidades: médica, religiosa, alimenticia, etc. Por ejemplo, en la India se usaba en ceremonias religiosas.

Fue la expansión del Islam la que desempeñó un papel muy importante en la difusión de esta planta y en su empleo como sustancia inductora de un estado de intoxicación. La planta fue introducida en los países árabes en el siglo IX. El consumo de los derivados del cáñamo estuvo muy arraigado en el mundo musulmán durante la Edad Media, hasta convertirse en un problema para las autoridades lo que provocó que en algunas zonas se prohibiera su uso. En esta misma época fue cuando se introdujo esta planta en África debido a la expansión musulmana hacia el sur del continente. Su uso se extendió por Europa a partir de las campañas napoleónicas en Egipto ya que, las tropas de Napoleón trajeron la costumbre a Europa de consumir preparados del cannabis.

Al continente americano llegó hacia la primera mitad del siglo XVII, debido a que los españoles utilizaban su fibra para suministrar atavíos y otros instrumentos a la armada española.

Su uso en Europa no se hizo frecuente hasta la mitad del siglo XIX ya que no había costumbre de usar el cannabis como fuente de sustancias embriagantes sino que, era el alcohol la principal sustancia consumida para ello. Algunos escritores europeos fueron consumidores de esta sustancia e incluso, llegaron a montar clubs de fumadores por Francia.

Su uso se popularizó en el mundo occidental en los años sesenta, en el ambiente contracultural juvenil de esa época. Desde ese momento, su consumo ha ido aumentando en casi todos los países.

Farmacocinética

La farmacocinética hace referencia al paso de las sustancias a través del organismo en función del tiempo y la cantidad administrada. Se divide en 4 pasos que son: absorción, distribución, metabolismo y eliminación.

Absorción
La cantidad de THC que se absorbe y la velocidad de ésta variarán según la vía de administración. Habitualmente, el cannabis se fuma, es decir, se consume por la vía inhalada ya que esta es la más eficiente. Aunque hay que decir que, la cantidad de THC absorbida por el organismo dependerá de la profundidad y número de caladas así como de la potencia de los cigarrillos. Entre un 10 y un 25% de THC llegará a la sangre. Los efectos, tanto subjetivos como fisiológicos, empiezan a aparecer a los pocos segundos o minutos tras su consumo y persisten hasta 2 y 3 horas.

Por su parte, cuando el cannabis es consumido por vía oral (en forma de pasteles, infusiones, etc.), la absorción es lenta, irregular y variable entre individuos. Su disponibilidad es variable ya que los jugos gástricos lo destruyen parcialmente y además es sometido a una intensa metabolización hepática de primer paso. Esta metabolización consiste en una inactivación que sufre la sustancia por parte del hígado antes de ser distribuido por la sangre. También se debe tener en cuenta que la presencia de comida puede retrasar la absorción de THC. El inicio de los efectos se da entre la media hora y las dos horas después de su ingesta, pudiendo durar hasta las 6 horas.

Distribución
El tetrahidrocannabinol (THC) se une en un 95 a 99% a las proteínas plasmáticas (presentes en el plasma sanguíneo). Un 70% es captado por los tejidos y el resto es metabolizado. Su concentración en sangre aumenta rápidamente después de la administración por vía inhalada así como también desaparece con rapidez del plasma a las 3 o 4 horas.

Cuando llega a la circulación sanguínea, el THC se distribuye rápidamente por el organismo hacia los tejidos más irrigados (cerebro, pulmones, corazón, hígado, etc.). Posteriormente, al ser muy liposoluble, es decir, que es una sustancia muy soluble en grasas, se acumula en el tejido adiposo (grasa corporal), donde se va liberando lentamente a la sangre de manera que, su eliminación completa puede necesitar 30 días. También se acumula, en menor proporción, en los pulmones y el hígado. El THC atraviesa la barrera placentaria y también se acumula en la leche materna.

Metabolismo
El THC se metaboliza principalmente en el hígado mediante hidroxilación y oxidación en el sistema microsomal por el citocromo P450, aunque también se puede metabolizar en otros lugares como el sistema nervioso central, la mucosa del intestino delgado o los pulmones. Así pues, mediante esos procesos de hidroxilación y oxidación se transforma el THC en metabolitos, algunos de ellos activos, es decir, que producen efectos en el organismo.

El THC así como algunos de sus metabolitos activos están sometidos a la recirculación enterohepática, es decir que, las sustancias metabolizadas, y el propio THC expulsado por la bilis hacia el intestino, pueden ser reabsorbidos a la sangre en el intestino grueso produciendo una prolongación de los efectos de esta sustancia.

Eliminación
El THC es eliminado a través de las heces y de la orina, y su eliminación puede durar hasta un mes. Este periodo tan prolongado de eliminación se explica por lo que anteriormente se comentaba de su alta liposolubilidad produciendo así que se acumule en tejidos grasos y por la reabsorción por parte del intestino grueso de la sustancia. Algunos metabolitos se eliminan, en pequeñas concentraciones, a través de la saliva, sudor y cabello.

Mecanismo de acción del cannabis ¿Cómo actúa?

El mecanismo de acción de los cannabinoides aún no es del todo bien conocido. Se cree que por sus características lipofílicas, puede interferir en la permeabilidad de la membrana de la neurona reduciendo su excitabilidad y provocando una depresión neuronal similar a la producida por las sustancias depresoras. También influye en algunos neurotransmisores y receptores neuronales de forma indirecta.

Para poder explicar cómo actúa el THC en el organismo es necesario saber que existe el sistema cannabinoide endógeno. Este sistema desempeña un papel modulador en diferentes procesos fisiológicos, principalmente en el cerebro, aunque también en el sistema inmune y cardiovascular. Tiene dos tipos de receptores, situados en la membrana de algunas células, a los cuales se une el tetrahidrocannabinol:
  • CB1: Presente principalmente en el sistema nervioso central.
  • CB2: Presente principalmente en el sistema inmune y algunos otros tejidos.

Existen unos compuestos endógenos que se unen a estos receptores y que se denominan endocannabinoides y son moduladores de la excitabilidad neuronal. Estos compuestos pueden modular la transmisión sináptica de los neurotransmisores del glutamato y del GABA así como también actuar sobre la neurotransmisión dopaminérgica.

Esta modulación se produce mediante lo que se denomina como neurotransmisión retrógrada. Es decir, después de la aparición y liberación de los neurotransmisores comunes (dopamina, GABA, etc.) desde la neurona presináptica, los receptores de la neurona postsináptica se activan y liberan endocannabinoides que se dirigen a la neurona presináptica e inhiben la liberación de neurotransmisores por parte de la misma durante unos segundos. Son varios los neurotransmisores que se ven afectados en este proceso, incluyendo el neurotransmisor inhibitorio (GABA) y el excitador (glutamato) del sistema nervioso central. Así, los endocannabinoides inducen una mezcla de efectos excitatorios e inhibitorios de forma simultánea.

El THC parece funcionar de la misma manera, con una excepción y es que éste ejerce más acciones sobre los receptores y suprime la liberación de neurotransmisores. Es decir, en vez de que las neuronas postsinápticas señalicen los mensajes recibidos desde las presinápticas (mediante la neurotransmisión retrógrada de los endocannabinoides), el THC simula señales en las neuronas presinápticas de manera que éstas envían a las postsinápticas un mensaje vacío, sin ninguna acción a realizar.

Como otras drogas de abuso, el cannabis estimula el centro de refuerzo o recompensa del cerebro mediante la dopamina, pero de manera indirecta. El THC aumenta la liberación de dopamina y lo hace a través del GABA. Normalmente éste impide que se emita dopamina en exceso pero, el THC interfiere en la liberación de GABA permitiendo la liberación de dopamina en el sistema de recompensa cerebral estimulándolo, lo cual produce ese sentimiento placentero y relajado así como una sensación de bienestar. También aumenta la liberación de serotonina lo cual aporta esa sensación de bienestar y calma.

Efectos del consumo de cannabis

Los efectos, tanto psicológicos como conductuales, producidos por el consumo de cannabis dependen de varios factores:
  • Potencia de la preparación utilizada
  • Vía de administración
  • Experiencia del usuario
  • Ambiente en que se realiza el consumo
  • Estado de ánimo y expectativas previas de la persona

Los efectos se pueden dividir en dos fases. Hay una fase inicial de estimulación donde se produce una sensación de euforia y bienestar, tendencia a la risa fácil, distorsión del espacio y tiempo, se produce una agudización de las percepciones tanto visuales, auditivas como táctiles, aumento del apetito con preferencia por los dulces. En la esfera cognitiva, disminuye la capacidad de concentración, altera la memoria reciente y la resolución de tareas complicadas. La sintomatología física se presenta con enrojecimiento conjuntival, boca seca, taquicardia y un ligero aumento de la presión arterial. Si la dosis es elevada se produce el efecto contrario, es decir, hipotensión. En la segunda fase predomina la sedación con aumento del sueño y relajación.

En algunas personas, sobre todo si son consumidores inexpertos o si se consumen dosis elevadas, puede aparecer disforia (estado de ánimo depresivo), ansiedad, síntomas paranoides y/o de pánico, confusión, efectos que desaparecen habitualmente de forma espontánea a las pocas horas. En consumos muy excesivos y continuados o bien por sensibilidad individual, pueden aparecer trastornos perceptivos más graves como alucinaciones auditivas o visuales y, finalmente delirium que es un síndrome confusional agudo que de manera transitoria produce una alteración del nivel de consciencia.

Hay que comentar que el THC desarrolla con bastante rapidez tolerancia tanto a los efectos subjetivos como a los fisiológicos. Esta tolerancia tiene que ver con cambios en los procesos de eliminación así como el incremento en la densidad de los receptores.

Riesgos y consecuencias del consumo de cannabis

Aunque hay una percepción de riesgo muy baja respecto a sus efectos perjudiciales, consumir cannabis, como se ha ido comentando, tiene efectos inmediatos. Además, produce una serie de alteraciones tanto físicas como psicológicas a corto y largo plazo. Estos son algunos de los riesgos y consecuencias físicas a corto plazo del consumo de cannabis:

Sistema respiratorio
Los cannabinoides, principalmente el THC, tienen un efecto broncodilatador que puede durar horas.

Sistema cardiovascular
Tras un consumo agudo, el efecto más frecuente, como ya se ha comentado, es la aparición de taquicardia leve. Aunque a dosis elevadas puede producir bradicardia.

Sistema visual u ocular
Tras el consumo agudo de cannabis aparece una dilatación de los vasos sanguíneos conjuntivales y de la esclerótica (parte blanca del ojo), dando lugar al típico enrojecimiento de los ojos. Este efecto no tiene relación con el efecto irritativo del humo ya que, se puede apreciar tanto en la ingesta oral como fumada. Además también produce una disminución de la presión intraocular y de la producción de lágrimas.

Función sexual
En algunos estudios se describe un aumento de la actividad y placer sexual relacionado con el uso agudo de cannabis. Pero este efecto podría deberse tanto a factores psicológicos, estilo de vida de los consumidores como a la acción desinhibidora que puede tener el cannabis en dosis moderadas.

Sistema nervioso
Se ha indicado que los cannabinoides pueden poseer un efecto antiinflamatorio, antipirético (disminución de la fiebre) y analgésico leve aunque, estos efectos desarrollarían tolerancia con rapidez. También puede tener un efecto antiemético, paliando nauseas y vómitos.

A largo plazo, el consumo continuado de cannabis también produce una serie de riesgos y consecuencias físicas:

Sistema respiratorio
En un consumo crónico por vía inhalada de cannabis, produce una disminución de la capacidad vital y altera el funcionalismo pulmonar. Tras un periodo largo de consumo aparecen alteraciones clínicas generadoras de trastornos obstructivos (EPOC), tos crónica, bronquitis y asma.

Sistema cardiovascular
Aunque los efectos sobre la presión arterial son leves, muchos estudios apuntan una propensión a la hipotensión de tipo ortostático. Este tipo de hipotensión es producida por un cambio súbito en la posición del cuerpo (de estar sentado a ponerse de pie, por ejemplo) que produce mareo y aturdimiento llegando incluso a poderse desmayar.

Sistema endocrino
Se han descrito casos de ginecomastia, es decir, de desarrollo anormal de las glándulas mamarias en hombres, relacionados con el consumo crónico de cannabis. También en los hombres, se producen anomalías estructurales y/o en la movilidad de los espermatozoides y oligospermia (semen de poca calidad debido a la baja cantidad de espermatozoides presentes en el mismo). En las mujeres se producen ciclos anovulatorios, es decir, que no se produce la ovulación y que en caso de que estos ciclos se produzcan con frecuencia puede llegar a provocar infertilidad.

Función sexual
En el consumo crónico y a dosis elevadas, el cannabis puede disminuir el interés sexual.

Sistema inmunitario
Se ha sugerido, aunque no se ha llegado a una conclusión común, que los consumidores crónicos pueden presentar más infecciones. Se debe tener en cuenta que esto puede ser producido por las impurezas o adulteraciones del cannabis, el uso concomitante de otras sustancias, los hábitos de vida o el hecho de compartir con otras personas los instrumentos de inhalación del cigarrillo. También puede provocar alteraciones en los sistemas inmunitarios y celulares que predispondrían al cáncer de pulmón.

Dependencia
Aunque, como ya se ha comentado, el desarrollo de la tolerancia es rápido e importante, no lo es la aparición de la dependencia. A pesar de que es cierto que pocas personas pierden el control del consumo, muchos consumidores habituales experimentan craving (deseo intenso de consumo) hacia la sustancia. Además, aunque no hay un diagnóstico para la abstinencia del cannabis, la interrupción brusca provoca irritabilidad, inquietud y temblor en consumidores habituales. También produce ansiedad, insomnio, pérdida del apetito y sudoración.

Embarazo
El consumo de cannabis durante el embarazo provoca recién nacidos de menor peso y altura, efectos sobre el desarrollo y el comportamiento, incrementando las conductas impulsivas y la falta de atención en estos niños.

Como ya hemos comentado, el consumo de cannabis no solo produce consecuencias físicas sino también psicológicas. A corto plazo puede producir ataques de pánico y crisis de ansiedad de breve duración. Éstas son las complicaciones más frecuentes debidas al consumo de cannabis que, en muchas ocasiones puede deberse a las expectativas, estado de ánimo y experiencia del sujeto más que a la propia sustancia.

El consumo agudo de cannabis, como ya se ha ido anunciando, altera la capacidad cognitiva (atención, memoria, percepción, resolución de problemas) y el rendimiento psicomotor. Los efectos son similares a los que produce el consumo de alcohol y las benzodiacepinas, y se incluye el enlentecimiento en la velocidad de reacción, incoordinación motora, alteración de la memoria a corto plazo, dificultades de concentración y afectación de la atención dividida.

La intoxicación aguda por cannabis puede cursar con síntomas psicóticos transitorios que, habitualmente desaparecen espontáneamente a las pocas horas, a medida que el THC se elimina del organismo. En las intoxicaciones cannábicas graves se puede llegar al delirium aunque es poco frecuente. Éste, como ya hemos comentado, es un síndrome confusional agudo, que altera el nivel de conciencia y se caracteriza por desorientación temporoespacial, lenguaje incoherente y agitación psicomotriz.

Por su parte, a largo plazo se pueden destacar las siguientes consecuencias psicológicas:

Al igual que en el consumo agudo, se pueden producir crisis de ansiedad y ataques de pánico en consumidores crónicos.

Aunque no se haya podido demostrar que hay una relación de causa efecto, sí que pueden incrementar el riesgo de sufrir depresión ya que, se puede ver que entre consumidores crónicos de cannabis hay una elevada prevalencia de depresión. Es posible que algunos efectos del consumo crónico de cannabis, así como de otras drogas, se puedan confundir con sintomatología depresiva como es apatía, retardo psicomotor, trastornos del sueño y del apetito.

El consumo habitual de cannabis puede producir déficits neuropsicológicos persistentes, alterando la atención, la memoria, la velocidad psicomotora o las funciones ejecutivas como la flexibilidad mental, la capacidad de toma de decisiones o la inhibición de respuesta a información irrelevante. Todas estas consecuencias, después de una abstinencia prolongada revierten.

El consumo prolongado e intenso puede ocasionar los denominados trastornos psicóticos inducidos que son de corta duración, más o menos 1 mes. Por otra parte, también puede producir cuadros psicóticos de larga duración de tipo esquizofrénico en personas con cierta predisposición y que hacen consumos de grandes cantidades, es la llamada psicosis cannábica y se diagnostica cuando se cumplen los siguientes criterios: alucinaciones o ideas delirantes que aparecen durante o en el mes siguiente a una intoxicación o por la abstinencia a dicha sustancia, no se puede diagnosticar una esquizofrenia endógena y la alteración no aparece exclusivamente en el transcurso de un delirium. Este tipo de psicosis se caracteriza por excitación psicomotriz: conducta agresiva, sintomatología hipomaníaca (cierta irritabilidad y/o hiperactividad), confusión mental, aplanamiento afectivo, e incluso, incoherencia del habla.

También puede agravar los cuadros psicóticos preexistentes. Se pueden producir “flashbacks” que hacen referencia a revivir las experiencias de la intoxicación sin haber consumido; es un cuadro habitualmente descrito con los alucinógenos pero también se presenta en el consumo de cannabis.

Síndrome amotivacional
Un uso continuado y crónico del cannabis se ha asociado a este síndrome, caracterizado por: apatía, frustración fácil, pérdida de eficacia al desarrollar trabajos así como una menor involucración en el trabajo o los estudios, falta de concentración, falta de iniciativa. Se vuelven menos sociables con el entorno, suelen tener mayor tolerancia hacia las conductas socialmente desviadas, es decir, se comportan de forma algo problemática en el cumplimiento de las normas y costumbres sociales. También se muestra un desinterés por su cuidado personal.

5 comentarios:

  1. el canabis es la mayor problema entre los jovenes es mejor intentar a mostrarles las consecuencia del abuso de drogas...

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    1. Hola Rehabilitación drogas,

      Desde este blog se pretende dar una información objetiva y realista sobre todas las sustancias, incluida el cannabis. También es importante aclarar los conceptos uso/abuso y dependenci, y por último remarcar que no es un problema exlusivo en los jovenes, sino que quizás el problema recae en la poca percepción de riesgo que se tiene sobre esta sustancia.

      Un cordial saludo.

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  2. Uno diría que el mayor problema de los jóvenes (y de las jóvenas) es el altísimo nivel de paro del 50 por ciento, pero siempre hay gente dispuesta a comulgar con ruedas de molino y a ver amenazas donde no las hay

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  3. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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    1. Este comentario ha sido eliminado ya que, aparte de no aportar ningún tipo de información útil sobre el tema que se trata en el blog, falta al respeto tanto a las creadoras del mismo como a sus lectores, cosa que no se va a tolerar. Este blog apuesta por la libertad de expresión de cada persona pero obviamente, sin faltar al respecto a nadie.

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